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Nuestro corazón: nutrientes, alimentos vegetales y cuidados

La mayoría de los casos de enfermedades cardiovasculares son prevenibles

La mayoría de los casos de enfermedades cardiovasculares son prevenibles

Una pareja joven corre para cuidar la salud de su corazón con las palabras "Nuestro corazón" escritas con frijoles negros, que representan sus mejores alimentos y nutrientes.

Nuestro corazón es el motor de nuestro cuerpo, es lo que mantiene la sangre circulando para que pueda transportar todos los nutrientes que necesitamos y eliminar todos los desechos. Cuidar de nuestro corazón debería ser una prioridad para todos nosotros. Lamentablemente, las enfermedades cardíacas son la principal causa de muerte en el mundo.

La buena noticia es que gran parte de estas muertes se pueden prevenir si seguimos una dieta saludable y adoptamos buenos hábitos de vida, como dormir bien y hacer ejercicio. La mala noticia es que la mayoría de la gente sigue la dieta estadounidense estándar (SAD, por sus siglas en inglés) que es rica en grasas saturadas, colesterol, sodio y toxinas, y baja en fibra.

Lo más preocupante es que la mayoría de los niños ya están desarrollando enfermedades cardíacas debido al exceso de grasas saturadas y sodio en sus dietas. Normalmente no se manifiesta hasta que son mayores ya que la asteriosclerosis tarda años en formarse, pero el problema está ahí. Y ahora que las dietas de moda están promoviendo los productos de origen animal al tiempo que rechazan los carbohidratos saludables, esta situación está empeorando.

A continuación, hablamos de cómo funciona nuestro corazón, los nutrientes que lo mantienen sano y sus principales fuentes vegetales. También compartimos datos importantes que pueden ayudarte a cuidar de los corazones de toda tu familia.

Partes principales y funciones del corazón

Partes principales y funciones del corazón

Pasa el cursor por encima de cada puntero para descubrir qué hace latir nuestro corazón y repasar las partes principales del mismo y sus diferentes funciones.

A man holding onto ropes and looking at an anatomical heart.
A man holding onto some ropes and a pink heart

Los nutrientes para el corazón

Los nutrientes para el corazón

Haz clic en las imágenes de los nutrientes que aparecen a continuación para visitar sus páginas interactivas y obtener más información sobre cómo los usa nuestro cuerpo, sus principales fuentes alimenticias y datos interesantes. Además, ¡prueba nuestras calculadoras nutricionales personalizadas!

Fibra

El consumo de al menos 25 g de fibra al día se asocia con una presión arterial más baja, niveles más bajos de colesterol y un menor riesgo general de desarrollar enfermedades cardíacas.

Proteínas

La lisina, un aminoácido esencial, ayuda a la absorción del calcio, que es importante para las contracciones musculares y la regulación del ritmo cardíaco.

Vitamina A

La vitamina A es un potente antioxidante que ayuda a proteger el corazón y el sistema circulatorio de la inflamación.

Tiamina o vitamina B1

La tiamina o vitamina B1 favorece la salud general del corazón. Su deficiencia puede provocar insuficiencia cardíaca.

Piridoxina o vitamina B6

La vitamina B6 nos ayuda a mantener niveles normales de homocisteína, un aminoácido presente en la sangre cuyo exceso aumenta el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiovasculares.

Folato o vitamina B9

El folato desempeña un papel fundamental en la descomposición de la homocisteína. También nos ayuda a producir glóbulos rojos sanos que transportan oxígeno desde los pulmones hasta el corazón.

Cobalamina o vitamina B12

La vitamina B12 es importante para la producción de glóbulos rojos y para mantener niveles normales de homocisteína, lo que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Ácido ascórbico o vitamina C

La vitamina C ayuda a aumentar el colesterol HDL, que a su vez ayuda a eliminar el colesterol de nuestro organismo. También favorece la absorción del calcio y el hierro.

Vitamina E

La vitamina E dilata los vasos sanguíneos, lo que previene la formación de coágulos. También protege las grasas presentes en el colesterol LDL de la oxidación. Esta oxidación es lo que lleva a la asteriosclerosis.

Vitamina K

La vitamina K interviene en la producción de proteínas que ayudan a prevenir la calcificación y el endurecimiento de las arterias del corazón.

Calcio

El calcio ayuda a las contracciones musculares y es fundamental para regular el ritmo cardíaco.

Hierro

El hierro es necesario para producir hemoglobina, una proteína presente en los glóbulos rojos que transporta oxígeno desde los pulmones hasta el corazón y, posteriormente, al resto del cuerpo.

Magnesio

El magnesio ayuda a regular la presión arterial. ¡Los niveles altos de magnesio están relacionados con una reducción del 40 % en el riesgo de muerte súbita cardíaca!

Potasio

Los alimentos de origen vegetal ricos en potasio ayudan a mejorar la presión arterial. La hipertensión arterial es un factor de riesgo para las enfermedades cardíacas.

Selenio

La deficiencia de selenio está relacionada con las enfermedades cardiovasculares. En estudios observacionales, un aumento del 50 % en la ingesta de selenio redujo las enfermedades coronarias en un 24 %.

Los alimentos para el corazón

Los alimentos para el corazón

A continuación, puedes ver algunas de las mejores fuentes de nutrientes para nuestro corazón. Pasa el cursor por encima de cada alimento para ver sus principales nutrientes relacionados con el corazón, o haz clic en él para visitar su página interactiva con una calculadora personalizada que te ayudará a identificar todos los nutrientes que puede aportarte este alimento. También encontrarás consejos que te ayudarán a seleccionar, almacenar y prepararlo. Además, obtendrás información sobre cómo este alimento puede beneficiar tu salud y la de tus seres queridos. Para obtener fuentes alimenticias adicionales por nutriente, haz clic en los nutrientes de la sección anterior.

Legumbres

Legumbres

Ricas en vitaminas B1, B6 y B9 (folato), calcio, hierro, magnesio y selenio.

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Verduras

Verduras

Ricas en vitaminas A, B6, B9 (folato), C y K, además de calcio, hierro y magnesio.

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Cereales enteros

Cereales enteros

Ricos en fibra, vitaminas B1 y B6, hierro, magnesio y selenio.

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Nueces comunes

Nueces comunes

Ricas en vitamina B6, magnesio y fitonutrientes que pueden reducir a la mitad el riesgo de morir por enfermedades cardíacas.

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Edamame

Edamame

Rico en calcio, hierro, magnesio, potasio y vitaminas B1, B9 (folato) y K.

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Camote o batata

Camote o batata

Rico en vitaminas A, B6 y C, y en potasio.

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Espárragos

Espárragos

Ricos en vitaminas B1, B9 (folato), C, E y K, y en potasio y selenio.

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Champiñones blancos

Champiñones blancos

Ricos en hierro, potasio y selenio.

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Datos importantes para la salud cardiaca

Datos importantes para la salud cardiaca

Pasa el cursor por encima de cada uno de los datos interesantes que aparecen a continuación para dar la vuelta a las fichas y obtener más información.

¡Echa un vistazo a los datos interesantes que aparecen a continuación! Toca los triángulos rojos para dar la vuelta a las fichas y obtener más información.

Conoce los síntomas y las diferencias entre un paro y un ataque cardiacos.

El paro cardíaco repentino se produce cuando el corazón deja de latir debido a una falla en su sistema eléctrico. Los síntomas son colapso repentino, ausencia de respiración y falta de pulso. La reanimación cardiopulmonar inmediata es la única posibilidad de supervivencia. En ocasiones, pueden aparecer síntomas previos como dificultad para respirar, debilidad y palpitaciones.

Un ataque cardíaco se produce cuando se bloquea el flujo sanguíneo al corazón, lo que provoca dolor irradiado, dificultad para respirar, sensación de desmayo y sudoración. Los signos de advertencia incluyen dolor en el pecho; dolor o molestias en el brazo, el hombro, el cuello o la mandíbula; dificultad para respirar; náuseas; vómitos y agotamiento severo. Los tres últimos son más comunes en las mujeres.

La diferencia clave es que durante un paro cardíaco el corazón se detiene por completo, mientras que durante un ataque cardíaco, el corazón suele seguir latiendo y los síntomas pueden comenzar lentamente.

Un ataque cardíaco puede provocar un paro cardíaco. Pero puede haber otras causas, como arritmias, miocardiopatía, desequilibrios electrolíticos, estrés severo o afecciones genéticas.

Más de 356,000 personas sufren un paro cardíaco fuera del hospital cada año en los Estados Unidos. Entre el 60 % y el 80 % mueren antes de llegar al hospital.

Más información aquí y aquí (fuentes en inglés).

Un colesterol LDL elevado es el principal riesgo de enfermedades cardíacas.

El nivel óptimo de colesterol LDL se encuentra entre 50 y 70 mg/dl (fuentes en inglés), y el colesterol total debe ser inferior a 150 mg/dl. Sin embargo, el colesterol total medio de los adultos mayores de 20 años en Estados Unidos es de 187 mg/dl. La mayoría de los médicos consideran que un nivel inferior a 200 mg/dl de colesterol total y a 100 mg/dl de LDL total es saludable. Sin embargo, un estudio a grande escala en 2009 demostró que más de la mitad de las personas hospitalizadas por enfermedad coronaria se encontraban dentro de estos parámetros “saludables”.

Cuando seguimos una dieta integral y vegetal, que no contiene colesterol y es baja en grasas saturadas, suele ser mucho más fácil alcanzar los niveles óptimos mencionados anteriormente.

Nuestra dieta puede provocar enfermedades cardíacas desde la infancia o hasta antes de nacer.

Más de la mitad de los niños estadounidenses que mueren tras un accidente antes de cumplir los 10 años y a los que se les practica una autopsia se encuentran en la primera fase de la aterosclerosis (estrías grasas en las arterias). ¡Esto es muy alarmante! Lo que es aún más alarmante es que los bebés recién nacidos cuyas madres tenían niveles altos de colesterol LDL también presentaban etapas tempranas de enfermedades cardíacas. Cuando la mayoría de los estadounidenses alcanzan los 20 o 30 años, ya tienen placa. Afortunadamente, esto se puede revertir al cambiar a una dieta integral y vegetal. Lee los estudios aquí, aquí y aquí (en inglés).

El aceite de coco debe evitarse junto con otras fuentes de grasas saturadas.

Esta revisión sistemática (en inglés) publicada por la Asociación Americana del Corazón concluyó que el aceite de coco tiene un alto contenido en grasas saturadas y, por lo tanto, aumenta significativamente los niveles de colesterol LDL, lo que incrementa los factores de riesgo de enfermedades cardíacas. Aunque también aumenta los niveles de colesterol HDL, esto no redujo el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, esta revisión no encontró pruebas de que el consumo de aceite de coco ayude a reducir la inflamación, a controlar el azúcar en la sangre, o a bajar de peso. Por lo tanto, refuta sus principales afirmaciones de marketing y dietas de moda.

¿No se supone que el omega 3 es bueno para el corazón? ¡Resulta que no!

La idea de que los ácidos grasos omega-3 favorecen la salud cardiovascular resultó estar basada en estudios sesgados y ahora ha sido desmentida por estudios más recientes y exhaustivos (en inglés). Estos estudios demuestran que el omega 3 no tiene ningún efecto sobre la salud cardiovascular. Sin embargo, los ácidos grasos omega-3 sí favorecen la salud cerebral. Si decides tomar suplementos de DHA y EPA, asegúrate de utilizar una opción de origen vegetal (procedente de algas). También puedes obtener mucho ALA de las semillas, las legumbres, las verduras y las nueces. Las fuentes de pescado están muy contaminadas.

El magnesio podría reducir el riesgo de paro cardíaco repentino en un 40 %.

Las principales fuentes de magnesio son las hojas verdes oscuras, las nueces, las semillas, las legumbres y los cereales integrales. Por lo tanto, es fácil obtenerlo en abundancia siguiendo una dieta equilibrada, basada en alimentos integrales y vegetales. Lamentablemente, la mayoría de los estadounidenses ni siquiera alcanzan el valor diario recomendado de 420 mg, y la ingesta media es de 300 mg. Consulta los estudios relacionados aquí y aquí (en inglés).

Tres razones por las que comer carne a diario aumenta en un 22 % el riesgo de enfermedades cardíacas.

Este estudio (en inglés) publicado por la Asociación Americana del Corazón concluyó que las personas que comían al menos una ración de carne al día tenían un 22 % más de riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

También descubrió que esto se debía en parte a la interacción de nuestra microbiota con el aminoácido L-carnitina, resultando en la producción de un compuesto llamado TMAO.

Otros culpables son las grasas saturadas (en inglés), que elevan nuestros niveles de colesterol LDL, y el hierro hemo o de origen animal, que aumenta las enfermedades cardíacas en un 57 % según este otro estudio (en inglés).

El exceso de sodio provoca hipertensión arterial, “el asesino silencioso”.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) (fuente en inglés) casi el 50 % de los adultos en los Estados Unidos padecen hipertensión arterial (119.9 millones de personas).

El exceso de sodio atrae agua a los vasos sanguíneos, lo que aumenta el volumen sanguíneo. Cuanta más sangre fluye por estos vasos, mayor es la presión que soportan. Con el tiempo, las paredes de los vasos sanguíneos se dañan, lo que acelera la acumulación de placa.

¡La mayoría de los estadounidenses consumen más de 3300 mg al día! La Asociación Americana del Corazón (AHA por sus siglas en inglés. Enlace a artículo en inglés) recomienda no superar los 2500 mg al día, con un objetivo óptimo de no más de 1500 mg al día. También indican que nuestro cuerpo solo necesita unos 500 mg al día.

Las plantas contienen todo el sodio que necesitamos, por lo que lo ideal es omitir por completo el sodio añadido, ya sea a través de la sal u otras fuentes. Sin embargo, la mayor parte del sodio que consumimos ni siquiera proviene de la sal de las comidas caseras. Aproximadamente el 70 % proviene de los alimentos procesados y de los restaurantes. Por lo tanto, revisa las etiquetas cuando compres alimentos procesados y busca productos bajos en sodio o sin sodio. Nuestra página sobre el sodio muestra qué alimentos procesados moderadamente debes tener en cuenta.

Si necesitas un poco de sal mientras cocinas, probablemente no pase nada. Cuanta menos sal consumas, más notarás lo salada que es la comida de los restaurantes, y es posible que te inclines naturalmente por opciones menos saladas o por limitar las veces que comes fuera de casa.

Obtén más información sobre la relación entre la sal y la hipertensión arterial aquí y aquí (fuentes en inglés).

La actividad física reduce significativamente el riesgo de muerte.

La American Heart Association (AHA por sus siglas en inglés, enlace a artículo en inglés) recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos semanales de ejercicio aeróbico intenso, o una combinación de ambos, para reducir hasta en un 21 % el riesgo de muerte por cualquier causa. ¡Esto es muy significativo! Pero un estudio publicado en 2024 por la revista de la AHA, Circulation (estudio en inglés) descubrió que si duplicamos o cuadruplicamos este nivel de actividad, podemos lograr una reducción de hasta un 31 %.

Así que empieza a caminar a diario, apúntate a clases de baile o sal a bailar por diversión, juega al pickleball, empieza a nadar, únete a un grupo de senderismo… La idea es que te diviertas para que cambies tus hábitos sedentarios por una vida más activa.

Además, los pequeños cambios pueden tener un gran impacto. Sube por las escaleras en lugar de usar el ascensor. Camina hasta el buzón en lugar de conducir.

La actividad física también es clave para controlar el estrés, otro factor de riesgo de las enfermedades cardíacas. El estrés hace que la placa se acumule más rápidamente en nuestras arterias. También hace que las arterias se contraigan y que nuestra sangre se coagule más rápidamente, lo que puede provocar un infarto o un derrame cerebral. Más información (en inglés).

Conoce los síntomas y las diferencias entre un paro y un ataque cardiacos.

El paro cardíaco repentino se produce cuando el corazón deja de latir debido a una falla en su sistema eléctrico. Los síntomas son colapso repentino, ausencia de respiración y falta de pulso. La reanimación cardiopulmonar inmediata es la única posibilidad de supervivencia. En ocasiones, pueden aparecer síntomas previos como dificultad para respirar, debilidad y palpitaciones.

Un ataque cardíaco se produce cuando se bloquea el flujo sanguíneo al corazón, lo que provoca dolor irradiado, dificultad para respirar, sensación de desmayo y sudoración. Los signos de advertencia incluyen dolor en el pecho; dolor o molestias en el brazo, el hombro, el cuello o la mandíbula; dificultad para respirar; náuseas; vómitos y agotamiento severo. Los tres últimos son más comunes en las mujeres.

La diferencia clave es que durante un paro cardíaco el corazón se detiene por completo, mientras que durante un ataque cardíaco, el corazón suele seguir latiendo y los síntomas pueden comenzar lentamente.

Un ataque cardíaco puede provocar un paro cardíaco. Pero puede haber otras causas, como arritmias, miocardiopatía, desequilibrios electrolíticos, estrés severo o afecciones genéticas.

Más de 356,000 personas sufren un paro cardíaco fuera del hospital cada año en los Estados Unidos. Entre el 60 % y el 80 % mueren antes de llegar al hospital.

Más información aquí y aquí (fuentes en inglés).

Un colesterol LDL elevado es el principal riesgo de enfermedades cardíacas.

El nivel óptimo de colesterol LDL se encuentra entre 50 y 70 mg/dl (fuentes en inglés), y el colesterol total debe ser inferior a 150 mg/dl. Sin embargo, el colesterol total medio de los adultos mayores de 20 años en Estados Unidos es de 187 mg/dl. La mayoría de los médicos consideran que un nivel inferior a 200 mg/dl de colesterol total y a 100 mg/dl de LDL total es saludable. Sin embargo, un estudio a grande escala en 2009 demostró que más de la mitad de las personas hospitalizadas por enfermedad coronaria se encontraban dentro de estos parámetros “saludables”.

Cuando seguimos una dieta integral y vegetal, que no contiene colesterol y es baja en grasas saturadas, suele ser mucho más fácil alcanzar los niveles óptimos mencionados anteriormente.

Nuestra dieta puede provocar enfermedades cardíacas desde la infancia o hasta antes de nacer.

Más de la mitad de los niños estadounidenses que mueren tras un accidente antes de cumplir los 10 años y a los que se les practica una autopsia se encuentran en la primera fase de la aterosclerosis (estrías grasas en las arterias). ¡Esto es muy alarmante! Lo que es aún más alarmante es que los bebés recién nacidos cuyas madres tenían niveles altos de colesterol LDL también presentaban etapas tempranas de enfermedades cardíacas. Cuando la mayoría de los estadounidenses alcanzan los 20 o 30 años, ya tienen placa. Afortunadamente, esto se puede revertir al cambiar a una dieta integral y vegetal. Lee los estudios aquí, aquí y aquí (en inglés).

El aceite de coco debe evitarse junto con otras fuentes de grasas saturadas.

Esta revisión sistemática (en inglés) publicada por la Asociación Americana del Corazón concluyó que el aceite de coco tiene un alto contenido en grasas saturadas y, por lo tanto, aumenta significativamente los niveles de colesterol LDL, lo que incrementa los factores de riesgo de enfermedades cardíacas. Aunque también aumenta los niveles de colesterol HDL, esto no redujo el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, esta revisión no encontró pruebas de que el consumo de aceite de coco ayude a reducir la inflamación, a controlar el azúcar en la sangre, o a bajar de peso. Por lo tanto, refuta sus principales afirmaciones de marketing y dietas de moda.

¿No se supone que el omega 3 es bueno para el corazón? ¡Resulta que no!

La idea de que los ácidos grasos omega-3 favorecen la salud cardiovascular resultó estar basada en estudios sesgados y ahora ha sido desmentida por estudios más recientes y exhaustivos (en inglés). Estos estudios demuestran que el omega 3 no tiene ningún efecto sobre la salud cardiovascular. Sin embargo, los ácidos grasos omega-3 sí favorecen la salud cerebral. Si decides tomar suplementos de DHA y EPA, asegúrate de utilizar una opción de origen vegetal (procedente de algas). También puedes obtener mucho ALA de las semillas, las legumbres, las verduras y las nueces. Las fuentes de pescado están muy contaminadas.

El magnesio podría reducir el riesgo de paro cardíaco repentino en un 40 %.

Las principales fuentes de magnesio son las hojas verdes oscuras, las nueces, las semillas, las legumbres y los cereales integrales. Por lo tanto, es fácil obtenerlo en abundancia siguiendo una dieta equilibrada, basada en alimentos integrales y vegetales. Lamentablemente, la mayoría de los estadounidenses ni siquiera alcanzan el valor diario recomendado de 420 mg, y la ingesta media es de 300 mg. Consulta los estudios relacionados aquí y aquí (en inglés).

Tres razones por las que comer carne a diario aumenta en un 22 % el riesgo de enfermedades cardíacas.

Este estudio (en inglés) publicado por la Asociación Americana del Corazón concluyó que las personas que comían al menos una ración de carne al día tenían un 22 % más de riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

También descubrió que esto se debía en parte a la interacción de nuestra microbiota con el aminoácido L-carnitina, resultando en la producción de un compuesto llamado TMAO.

Otros culpables son las grasas saturadas (en inglés), que elevan nuestros niveles de colesterol LDL, y el hierro hemo o de origen animal, que aumenta las enfermedades cardíacas en un 57 % según este otro estudio (en inglés).

El exceso de sodio provoca hipertensión arterial, “el asesino silencioso”.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) (fuente en inglés) casi el 50 % de los adultos en los Estados Unidos padecen hipertensión arterial (119.9 millones de personas).

El exceso de sodio atrae agua a los vasos sanguíneos, lo que aumenta el volumen sanguíneo. Cuanta más sangre fluye por estos vasos, mayor es la presión que soportan. Con el tiempo, las paredes de los vasos sanguíneos se dañan, lo que acelera la acumulación de placa.

¡La mayoría de los estadounidenses consumen más de 3300 mg al día! La Asociación Americana del Corazón (AHA por sus siglas en inglés. Enlace a artículo en inglés) recomienda no superar los 2500 mg al día, con un objetivo óptimo de no más de 1500 mg al día. También indican que nuestro cuerpo solo necesita unos 500 mg al día.

Las plantas contienen todo el sodio que necesitamos, por lo que lo ideal es omitir por completo el sodio añadido, ya sea a través de la sal u otras fuentes. Sin embargo, la mayor parte del sodio que consumimos ni siquiera proviene de la sal de las comidas caseras. Aproximadamente el 70 % proviene de los alimentos procesados y de los restaurantes. Por lo tanto, revisa las etiquetas cuando compres alimentos procesados y busca productos bajos en sodio o sin sodio. Nuestra página sobre el sodio muestra qué alimentos procesados moderadamente debes tener en cuenta.

Si necesitas un poco de sal mientras cocinas, probablemente no pase nada. Cuanta menos sal consumas, más notarás lo salada que es la comida de los restaurantes, y es posible que te inclines naturalmente por opciones menos saladas o por limitar las veces que comes fuera de casa.

Obtén más información sobre la relación entre la sal y la hipertensión arterial aquí y aquí (fuentes en inglés).

La actividad física reduce significativamente el riesgo de muerte.

La American Heart Association (AHA por sus siglas en inglés, enlace a artículo en inglés) recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos semanales de ejercicio aeróbico intenso, o una combinación de ambos, para reducir hasta en un 21 % el riesgo de muerte por cualquier causa. ¡Esto es muy significativo! Pero un estudio publicado en 2024 por la revista de la AHA, Circulation (estudio en inglés) descubrió que si duplicamos o cuadruplicamos este nivel de actividad, podemos lograr una reducción de hasta un 31 %.

Así que empieza a caminar a diario, apúntate a clases de baile o sal a bailar por diversión, juega al pickleball, empieza a nadar, únete a un grupo de senderismo… La idea es que te diviertas para que cambies tus hábitos sedentarios por una vida más activa.

Además, los pequeños cambios pueden tener un gran impacto. Sube por las escaleras en lugar de usar el ascensor. Camina hasta el buzón en lugar de conducir.

La actividad física también es clave para controlar el estrés, otro factor de riesgo de las enfermedades cardíacas. El estrés hace que la placa se acumule más rápidamente en nuestras arterias. También hace que las arterias se contraigan y que nuestra sangre se coagule más rápidamente, lo que puede provocar un infarto o un derrame cerebral. Más información (en inglés).

En nuestro corazón

En nuestro corazón

A man with a black jacket and purple collar.

Steve Walsh fue un papá y un ser humano extraordinario que vivió su vida con compasión, amor incondicional, una fuerte dedicación a la justicia y un gran sentido del humor. Falleció a causa de un paro cardíaco repentino a la temprana edad de 62 años. Esta página está dedicada a él, con la esperanza de que la información que proporcionamos ayude a otras familias a evitar esta trágica pérdida.

Citas bibliográficas

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