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Nuestro cerebro: nutrientes, alimentos vegetales y cuidados

Cuida la salud cerebral de tu familia en todas las etapas de la vida.

Cuida la salud cerebral de tu familia en todas las etapas de la vida.

Mujer mayor de edad en una videollamada en su laptop con las palabras nuestro cerebro escritas con brocoli representando los nutrientes y alimentos que benefician al cerebro.

Nuestro cerebro es el centro de todo lo que somos y hacemos, desde nuestros pensamientos y emociones hasta nuestros movimientos voluntarios y funciones corporales involuntarias. Por eso, cuidar nuestro cerebro a cualquier edad es fundamental para tener una vida larga y plena.

De hecho, uno de nuestros mayores temores asociados con el envejecimiento es sufrir deterioro cognitivo y demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer. Pero mucho antes de eso, cuidar nuestro cerebro puede ayudarnos a reducir el riesgo de depresión, ansiedad, niebla mental, déficit de atención y más. A menudo, las personas creen que no tienen control sobre estos trastornos, cuando en realidad el estilo de vida tiene un impacto directo en nuestro cerebro.

Es importante dormir las horas adecuadas, hacer ejercicio y controlar el estrés. Pero además, lo que comemos tiene un profundo efecto en nuestro estado de ánimo, nuestra cognición y la salud general de nuestro cerebro. Sabemos desde hace mucho tiempo que las grasas saturadas son malas para nuestro corazón y nuestra circulación, pero ahora también sabemos que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y la demencia. También sabemos que existe una conexión directa entre nuestro intestino y nuestro cerebro, y que la fibra es un nutriente clave para mantener ambos sanos.

Nuestro cerebro utiliza una gran variedad de nutrientes para funcionar correctamente, cada uno de ellos con funciones específicas que tienen un efecto directo en nuestro estado de ánimo, nuestra atención, nuestra memoria, nuestro sueño, nuestros movimientos y mucho más. A continuación, compartimos cuáles son estos nutrientes, qué hacen por nuestro cerebro y los principales alimentos integrales de origen vegetal en los que podemos encontrarlos.

Los nutrientes para el cerebro

Los nutrientes para el cerebro

Haz clic en las imágenes de los nutrientes que aparecen a continuación para visitar sus páginas interactivas y obtener más información sobre lo que hacen por nosotros, sus principales fuentes integrales y vegetales, y otros datos importantes.  Además, podrás probar nuestras calculadoras nutricionales personalizadas.

Cuando nuestras bacterias intestinales beneficiosas se alimentan de fibra, producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que ayudan a mejorar nuestra memoria y aprendizaje, nuestro estado de ánimo y nuestras funciones cerebrales. Los AGCC también reducen el riesgo de padecer las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson. Además, la fibra reduce el riesgo de accidentes cerebrovascular al disminuir el colesterol total y LDL, y al reducir la presión arterial.

Cuando de proteínas se trata, estos aminoácidos esenciales son fundamentales para nuestro cerebro: la histidina nos ayuda a producir histamina, que favorece el sistema inmunitario, la digestión, el sueño y la función sexual. La fenilalanina es un precursor de la dopamina, la adrenalina y la norepinefrina, que afectan nuestro estado de ánimo y la respuesta al estrés. El triptófano nos ayuda a producir serotonina, que regula nuestro estado de ánimo, el apetito y el sueño.

Los omega-3 son fundamentales para la salud de nuestro cerebro. Existe una correlación entre los niveles de DHA y EPA en la sangre y el volumen del cerebro. De hecho, el 57 % del cerebro está compuesto por DHA. La mayoría de las fuentes vegetales proporcionan omega-3 en forma de ALA, y el cuerpo lo convierte en EPA y DHA. El ALA también tiene sus propias ventajas, por ejemplo, ayuda a prevenir la ELA (una enfermedad neurodegenerativa) y a retrasar su progresión.

Cuando ingerimos la cantidad adecuada de omega-6 a través de fuentes vegetales integrales, estos tienen efectos antiinflamatorios que ayudan a nuestro cerebro. Pero cuidado, un exceso de omega-6 a través de aceites de semillas o productos de origen animal provoca inflamación. La neuroinflamación está relacionada con trastornos del desarrollo cerebral como el TDAH o trastornos degenerativos cerebrales como la enfermedad de Alzheimer. 

Nuestro cerebro necesita tiamina o vitamina B1 para metabolizar la glucosa y mantener su funcionamiento adecuado. Su deficiencia aumenta el estrés oxidativo y la inflamación. Cuando la deficiencia de tiamina es crónica, puede causar el síndrome de Wernicke-Korsakoff, que provoca la muerte neuronal y síntomas similares a los de la enfermedad de Alzheimer, como el deterioro cognitivo y la pérdida de la memoria.

La vitamina B3 de origen vegetal (el ácido nicotínico) reduce el colesterol LDL, lo que disminuye el riesgo de accidentes cerebrovasculares y de sufrir la enfermedad de Alzheimer. Las dos formas de B3, el ácido nicotínico y la nicotinamida, ayudan a producir NAD, que es fundamental para el desarrollo y la protección de las neuronas. Una deficiencia grave provoca demencia y depresión. El NAD también ayuda a combatir los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson al aumentar la síntesis de dopamina. Y la vitamina B3 reduce el estrés oxidativo y la neuroinflamación.

La vitamina B6 es esencial para el desarrollo del cerebro durante el embarazo y la infancia. También la necesitamos para producir serotonina, adrenalina, norepinefrina y gamma-aminobutirato, todas ellas relacionadas con el estado de ánimo y la respuesta al estrés. Además, la vitamina B6 nos ayuda a mantener niveles normales de homocisteína, un aminoácido que nuestro cuerpo produce para guardar la metionina. La homocisteína en exceso aumenta el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares, la enfermedad de Alzheimer o demencia.

El folato desempeña un papel fundamental en la descomposición de la homocisteína, lo que reduce el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, la enfermedad de Alzheimer o demencia, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo compulsivo y mucho más. Esta vitamina B también nos ayuda a producir serotonina, que regula nuestro estado de ánimo, apetito y sueño. La deficiencia de folato está relacionada con la depresión y la anemia megaloblástica, que a menudo provoca irritabilidad y falta de concentración.

La vitamina B12 es esencial para el desarrollo del cerebro y para mantener una función cerebral saludable a lo largo de nuestras vidas. Necesitamos esta vitamina para producir diversas sustancias químicas, entre ellas la serotonina y la dopamina. También nos ayuda a eliminar el exceso de homocisteína en nuestro organismo y al hacer esto, reduce el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares, la enfermedad de Alzheimer o demencia, el trastorno obsesivo compulsivo of TOC, el trastorno bipolar, entre otros.

La mayor acumulación de vitamina C en nuestro organismo se encuentra en el cerebro. Es un antioxidante vital que también ayuda a restaurar la vitamina E, protegiendo así nuestro cerebro de enfermedades neurodegenerativas. La vitamina C influye en nuestro estado de ánimo, en la respuesta al estrés y en el sueño, ya que ayuda a convertir la dopamina en norepinefrina y el 5-HTP en serotonina. Su deficiencia está relacionada con la depresión. También modula el glutamato, un neurotransmisor que desempeña un papel fundamental en la atención, el aprendizaje a largo plazo y la memoria.

La vitamina D es necesaria para el desarrollo del cerebro. Su deficiencia en la etapa prenatal puede provocar futuros problemas de aprendizaje y memoria, y una deficiencia grave podría provocar autismo y esquizofrenia. La vitamina D interviene en la síntesis de la serotonina, dopamina, adrenalina y noradrenalina. Este nutriente también es un potente antioxidante, antiinflamatorio y regulador del sistema inmunitario. Además, ayuda a prevenir o tratar la depresión, la ansiedad y trastornos como el TOC. También ayuda a prevenir la demencia y la enfermedad de Alzheimer, y a tratar la enfermedad de Parkinson.

La vitamina E ayuda a prevenir el estrés oxidativo en nuestro cerebro, protegiéndolo de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Huntington. De hecho, ¡aumentar la ingesta de vitamina E mediante nuestros alimentos podría reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer en aproximadamente un 50 %! Ojo, la vitamina E que se obtiene a través de los suplementos no tiene el mismo efecto.

El calcio es importante para la actividad sináptica (la comunicación de señales entre nuestras neuronas o células cerebrales) y para el flujo sanguíneo cerebral. También es clave para el aprendizaje y la formación de la memoria a largo plazo. Algunos de los primeros signos de deficiencia de calcio son la niebla mental y la confusión, pero tomar demasiado calcio a través de suplementos también puede provocar demencia. El equilibrio en nuestras neuronas es fundamental, y perderlo conduce a la neurodegeneración, que es lo que ocurre con la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Huntington y la ELA.

Necesitamos cobre para el desarrollo del cerebro durante el embarazo y la lactancia. También lo utilizamos para la producción de neurotransmisores como la dopamina y para la transmisión sináptica (la liberación y recepción de neurotransmisores). Un exceso de cobre puede provocar un deterioro cognitivo e incluso la enfermedad de Alzheimer, especialmente si seguimos una dieta rica en colesterol y grasas saturadas, ya que el cobre interfiere en la liberación de las placas beta amiloides que se forman a partir del colesterol.

La deficiencia de hierro puede perjudicar el desarrollo cerebral durante el embarazo, la infancia, la niñez e incluso durante la adolescencia, afectando la estructura cerebral y la salud cognitiva y conductual. En la edad adulta, la deficiencia también puede perjudicar la cognición. Sin embargo, a medida que envejecemos, el exceso de hierro puede provocar oxidación y toxicidad, lo que está relacionado con enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer y la de Parkinson. Tu cuerpo puede excretar el exceso de hierro que obtienes de las plantas, pero no puede regular el exceso de hierro procedente de fuentes animales, o el hierro hemo.

El magnesio tiene un fuerte impacto en nuestra salud cognitiva y en nuestro estado de ánimo. Su deficiencia está relacionada con enfermedades degenerativas como la de Alzheimer, Parkinson y la esclerosis múltiple. También está relacionada con la depresión y el TDAH. El magnesio ayuda a mantener las toxinas y los patógenos fuera de nuestro cerebro al fortalecer la barrera hematoencefálica. También ayuda a combatir la neuroinflamación e incluso ayuda a prevenir los ataques de migraña. Además, el magnesio desempeña un papel importante en la transmisión de señales nerviosas y modula neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.

Los alimentos de origen vegetal ricos en potasio ayudan a mejorar la presión arterial y a reducir el riesgo de accidente cerebrovascular. ¡Aumentar nuestra ingesta a 1640 mg al día está asociado con una reducción del 21 % en el riesgo de accidente cerebrovascular! No solo eso, la hipertensión se ha asociado con la aparición y la progresión de la enfermedad de Alzheimer. Un estudio demostró que aumentar la ingesta de potasio disminuye la formación de placas beta amiloides, el estrés oxidativo y la inflamación, y mejora el rendimiento cognitivo.

Nuestro cerebro necesita hormonas tiroideas para desarrollarse y funcionar correctamente, y nuestra glándula tiroides necesita yodo y selenio para producir estas hormonas. El selenio también protege nuestro cerebro contra la inflamación y el estrés oxidativo. Nuestro cerebro depende especialmente del selenio porque consume grandes cantidades de oxígeno y es muy susceptible al estrés oxidativo, que puede provocar enfermedades neurodegenerativas. El selenio puede ser útil en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, la esclerosis múltiple y los accidentes cerebrovasculares.

Nuestro cerebro necesita las hormonas tiroideas para desarrollarse y funcionar correctamente, y nuestra tiroides necesita yodo para producir estas hormonas. Según la Organización Mundial de la Salud, la deficiencia de yodo es la principal causa de daño cerebral en los niños, lo que afecta tanto su desarrollo cognitivo como motor. La deficiencia durante el embarazo y la infancia puede causar daños irreparables. En la edad adulta, la deficiencia afecta nuestra salud cognitiva y puede estar relacionada con la demencia.

El zinc es fundamental para la generación de células cerebrales durante el embarazo y a lo largo de toda nuestra vida. También desempeña un papel clave en la modulación de la actividad sináptica (al controlar la transmisión de señales entre nuestras células cerebrales o neuronas). Su deficiencia está relacionada con el deterioro del desarrollo cerebral, trastornos del estado de ánimo como la depresión y la ansiedad, problemas cognitivos que afectan al aprendizaje y la memoria, y trastornos neurodegenerativos. También puede ser un factor de riesgo de accidente cerebrovascular. Además, tener unos niveles adecuados de zinc antes de sufrir una lesión cerebral traumática puede ayudar a reducir el daño neuronal.

Los alimentos para el cerebro

Los alimentos para el cerebro

A continuación, puedes ver algunos de los alimentos integrales de origen vegetal (WFPB) que son las mejores fuentes de nutrientes para nuestro cerebro. Ten en cuenta que mantener una dieta WFPB equilibrada que incluya una gran diversidad de vegetales nos puede aportar todos los nutrientes que nuestro cerebro necesita.

Pasa el cursor por encima de cada alimento para ver sus principales nutrientes relacionados con el cerebro, o haz clic en él para visitar su página interactiva con una calculadora personalizada que te ayudará a identificar todos los nutrientes que este alimento te aporta a ti y a tus seres queridos. También encontrarás consejos que te ayudarán a seleccionarlos, almacenarlos y prepararlos. Para obtener fuentes adicionales por nutriente, haz clic en las imágenes de los nutrientes en la sección anterior.

Avena

Avena

Rica en proteínas, fibra, vitamina B1, cobre, hierro, magnesio, selenio y zinc. También aporta una buena cantidad de omega-6 y potasio.

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Col berza

Col berza

Rica en fibra, folato, vitamina C y vitamina E. Fuente principal de calcio. También aporta una buena cantidad de omega-3, vitamina B6, magnesio y potasio.

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Garbanzos

Garbanzos

Ricos en proteínas, fibra, folato, calcio, cobre, hierro, magnesio, potasio y zinc. También son una buena fuente de omega-6, vitamina B1, vitamina B6 y selenio.

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Frijoles

Frijoles

Ricos en proteínas, fibra, omega-3, vitamina B1, vitamina B6, folato, cobre, hierro, magnesio, potasio y zinc. Los frijoles blancos son una fuente excelente de calcio. Los negros también aportan antocianinas, y los rojos son una gran fuente de quercetina.

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Nueces comunes

Nueces comunes

Ricas en vitamina B6, magnesio y fitonutrientes que ayudan a prevenir las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson, los accidentes cerebrovasculares y la depresión.

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Calabaza de nuez

Calabaza de nuez

Rica en fibra, vitaminas B6, C y E, calcio, magnesio y potasio. Además, es una gran fuente de betacaroteno y una buena fuente de vitamina B1, vitamina B3, folato y cobre.

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Champiñones blancos

Champiñones blancos

Ricos en vitamina B3, cobre, hierro, potasio, selenio y zinc. También son una buena fuente de fibra, vitamina B1 y vitamina B6.

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Trigo integral

Trigo integral

Rico en proteínas, fibra, vitamina B1, vitamina B3, vitamina B6, cobre, hierro, magnesio, selenio y zinc. También aporta una buena cantidad de potasio.

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Semillas de chía

Semillas de chía

Principal fuente de omega-3. Ricas en fibra, calcio, cobre, magnesio y selenio. También son una buena fuente de vitamina B1, vitamina B3, hierro y zinc.

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Camote o batata

Camote o batata

Los camotes morados son una fuente importante de antocianinas, mientras que los naranjados son una fuente importante de betacaroteno o vitamina A. Ambos son ricos en fibra, vitamina B6, vitamina C, cobre y potasio. También son una buena fuente de proteínas, vitamina B1, vitamina B3, calcio, magnesio y zinc.

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Algas marinas

Algas marinas

Las algas marinas son nuestra única fuente fiable de yodo en una dieta integral basada en plantas. El nori también aporta vitamina B12. Además, las algas marinas son una buena fuente de folato, calcio, cobre y magnesio.

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Lentejas

Lentejas

Ricas en proteínas, fibra, vitamina B1, vitamina B6, ácido fólico, cobre, hierro, magnesio, potasio y zinc.

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Brócoli

Brócoli

Rico en vitamina B6, folato, vitamina C, calcio y potasio. También es una buena fuente de proteínas, fibra, vitamina B1, cobre, hierro y magnesio.

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Cacahuates o maní

Cacahuates o maní

Ricos en proteínas, omega-6, vitamina B1, vitamina B3, folato, vitamina E, cobre y magnesio. También son una buena fuente de fibra, potasio, hierro y zinc.

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Soya o soja

Soya o soja

Rica en proteínas, omega-3, omega-6, vitamina B1, folato, calcio, cobre, hierro, magnesio, selenio y zinc. También es una buena fuente de fibra y potasio.

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Semillas de girasol

Semillas de girasol

Ricas en omega-6, vitamina B1, vitamina B3, vitamina B6, folato, vitamina E, cobre, magnesio, selenio y zinc. También son una buena fuente de proteínas, fibra, hierro y potasio.

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Datos importantes para la salud cerebral

Datos importantes para la salud cerebral

Pasa el cursor por encima de cada uno de los datos interesantes que aparecen a continuación para dar la vuelta a las fichas y obtener más información.

¡Echa un vistazo a los datos interesantes que aparecen a continuación! Toca los triángulos rojos para dar la vuelta a las fichas y obtener más información.

7 millones de personas en EE. UU. padecen de Alzheimer, y el colesterol podría ser el culpable.

En 2021, 1 de cada 9 adultos mayores de 65 años fue diagnosticado con la enfermedad de Alzheimer. Actualmente, entre las personas de 45 años, 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres corren el riesgo de desarrollar esta enfermedad a lo largo de su vida.

Nuestros alimentos tienen un papel importante en nuestras probabilidades de desarrollar esta enfermedad. Los alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas están relacionados con la formación de placas beta amiloides en el cerebro, lo que interrumpe la comunicación entre las neuronas y provoca daños y muerte neuronal.

El exceso de hierro hemo o procedente de fuentes animales provoca toxicidad y estrés oxidativo, lo que también conduce al daño y la muerte de nuestras células cerebrales.

Una dieta rica en fibra, magnesio y antioxidantes como la vitamina E y el selenio, con una ingesta adecuada de ácidos grasos omega-3 y omega-6, puede reducir nuestro riesgo al ayudarnos a mantener la estructura de nuestro cerebro y combatir la inflamación, el estrés oxidativo y la acumulación de neurotoxinas.

Otros cambios en el estilo de vida, como el ejercicio, el control del estrés, el sueño, la limitación del consumo de alcohol y dejar de fumar, también son fundamentales para la prevención de esta enfermedad. Más información (sitio en inglés).

Al menos el 95 % de todos los casos de  Parkinson no están relacionados con la genética.

Casi un millón de personas en los Estados Unidos viven con la enfermedad de Parkinson, lo que la convierte en el segundo trastorno neurodegenerativo más común. Más datos (en inglés).

Las personas con esta enfermedad experimentan la muerte de las neuronas dopaminérgicas en una pequeña área del mesencéfalo llamada sustancia negra, que desempeña un papel crucial en el control motor y las vías de recompensa. Esto da lugar a una reducción del movimiento, rigidez y temblores.

A menudo, los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson son la depresión y la ansiedad, causadas por el daño inicial a las neuronas dopaminérgicas. Esta depresión puede comenzar meses o años antes de la aparición de la enfermedad de Parkinson. Tras el diagnóstico, el 50 % de los pacientes experimentará algún tipo de depresión y el 40 % sufrirá ansiedad. Ver estudio (en inglés).

Al menos el 95 % de los casos de enfermedad de Parkinson son causados por el entorno o el estilo de vida. Las neuronas dopaminérgicas se ven afectadas por el estrés oxidativo que puede originarse en nuestro tracto gastrointestinal. La vitamina B3 o niacina, la vitamina D, el magnesio y el selenio son fundamentales para combatir este estrés oxidativo, ya que son necesarios para producir glutatión, un antioxidante muy presente en nuestro cerebro.

El omega 3 ALA puede ayudar a prevenir la ELA o ralentizar su progresión.

La esclerosis lateral amiotrófica o ELA es una enfermedad trágica y progresiva que afecta a las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, impidiendo el control voluntario de los movimientos.

Se ha descubierto que una mayor ingesta y unos niveles plasmáticos más altos del ácido graso omega-3 ALA están asociados con un menor riesgo de desarrollar ELA. No solo eso, en pacientes ya diagnosticados, este estudio demostró que tener niveles más altos de ALA está relacionado con una mayor supervivencia y un deterioro funcional más lento.

Por otro lado, comer pescado es un factor de riesgo significativo para la ELA debido a la contaminación por BMAA, una neurotoxina producida por las algas verdeazuladas. Obtén más información aquí y aquí (videos en inglés).

La homocisteína elevada puede provocar depresión, trastorno bipolar, TOC, demencia y esquizofrenia.

La homocisteína es un aminoácido que nuestro cuerpo produce a partir de la metionina, un aminoácido esencial que utilizamos para el metabolismo, el crecimiento de los tejidos y la eliminación de toxinas.

Con la ayuda de las vitaminas B6, B9 y B12, nuestro cuerpo puede descomponer la homocisteína en metionina y cisteína. Sin embargo, si no tomamos suficientes cantidades de estas vitaminas y consumimos más metionina de la que nuestro cuerpo necesita a través de la carne, los lácteos y los huevos, podemos acabar con un exceso de homocisteína.

Este exceso de homocisteína puede provocar depresión, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), neurodegeneración e incluso esquizofrenia. Ver estudios en inglés aquíaquí.

Los niveles elevados de homocisteína también pueden provocar enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, lo habitual es que primero se produzca el daño neuronal. Ver estudio (en inglés).

Si tú o un ser querido padecen de alguno de estos trastornos, pídanle al médico que les haga una prueba de los niveles de homocisteína.

Para mantener niveles de homocisteína adecuados, se recomienda una dieta rica en legumbres y hojas verdes, y baja en productos de origen animal. También es importante tomar un suplemento de vitamina B12 con regularidad si sigues una dieta basada en vegetales o si tienes más de 50 años.

La neuroinflamación podría ser la causa del TDAH. Ingerir EPA, DHA y GLA puede ayudar.

Aunque esta revisión de ensayos y este metaanálisis de 2023 indican que hay pocas pruebas de que los suplementos de EPA + DHA por sí solos pueden mejorar los síntomas de TDAH, esta revisión narrativa indica que agregar GLA a la mezcla ha mostrado resultados prometedores.

El GLA aumenta el DGLA, que es un antiinflamatorio, mientras que el EPA y el DHA limitan la acumulación de AA, el tipo de omega 6 que es inflamatorio, en nuestro organismo.

La proporción asociada a la mejora del TDAH cuando se combinan el EPA y el DHA con el GLA es de 9:3:1.

El exceso de cortisol provocado por el estrés crónico afecta nuestra salud cognitiva y emocional.

El estrés crónico expone a nuestro cerebro a un exceso de cortisol, nuestra principal hormona del estrés. Esto provoca déficits de atención, aprendizaje y memoria, y también puede conducir a la depresión.

El selenio puede ayudar a contrarrestar esta hormona del estrés e incluso puede proteger nuestro cerebro contra la depresión inducida por el estrés, según este análisis.

Algunas estrategias para controlar el estrés incluyen ejercicios de respiración, la actividad física y la meditación. Siempre que sea posible, reduce las situaciones estresantes o tómate un momento para centrarte.

Eating the rainbow helps improve our mood.

Comer el arcoíris tiene un gran impacto en tu estado de ánimo y tu salud cognitiva.

Además de los nutrientes esenciales presentes en las plantas, estas también contienen fitoquímicos que les dan sus colores hermosos y vibrantes.

Los carotenoides, como el betacaroteno que se encuentra en los camotes o batatas naranjas, las zanahorias, la calabaza y la calabaza moscada; la luteína y la zeaxantina que se encuentran en las hojas verde oscuro, y el licopeno que se encuentra en los tomates o la sandía, tienen fuertes efectos antioxidantes y antiinflamatorios que pueden ayudarnos a combatir la depresión, la ansiedad y el estrés.

Las antocianinas, presentes en los camotes o batatas morados, los frijoles negros, los arándanos, las uvas y muchos otros alimentos, protegen nuestras neuronas de la oxidación, la inflamación y la muerte. Estos alimentos pueden ayudar a prevenir o tratar trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. El licopeno tiene efectos similares sobre estas enfermedades y sobre nuestra salud cognitiva en general.

Elige una variedad de colores para obtener una diversidad de fitonutrientes que pueden beneficiar tanto tu salud emocional como cognitiva. Obtén más información aquí y aquí (estudios en inglés).

El ejercicio constante es clave para nuestra salud cognitiva y emocional.

La actividad física constante ayuda a mejorar nuestra salud cognitiva, incluyendo el aprendizaje, la resolución de problemas y la memoria. También contribuye a nuestra salud emocional, ayudando a reducir la ansiedad o la depresión.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomienda 150 minutos semanales de actividad física moderada o 75 minutos de ejercicio intenso. Esto equivaldría a 22 minutos diarios de ejercicio moderado todos los días o a 11 minutos de actividad más intensa.

Otra razón importante para hacer ejercicio es que nos ayuda a dormir mejor, lo que también es fundamental para la salud de nuestro cerebro.

Dormir adecuadamente nos ayuda a eliminar toxinas del cerebro.

Los niños y adolescentes necesitan dormir unas 9.5 horas cada noche. Los adultos necesitamos entre 7 y 9 horas.

Dormir lo suficiente cada noche es esencial para formar y mantener las conexiones neuronales que nos permiten aprender y crear nuevos recuerdos. El sueño ayuda a nuestras neuronas a comunicarse mejor. Además, mientras dormimos, se eliminan las toxinas de nuestro cerebro.

No dormir adecuadamente puede provocar falta de concentración, reducción del tiempo de reacción, irritabilidad y depresión. Más información (en inglés).

7 millones de personas en EE. UU. padecen de Alzheimer, y el colesterol podría ser el culpable.

En 2021, 1 de cada 9 adultos mayores de 65 años fue diagnosticado con la enfermedad de Alzheimer. Actualmente, entre las personas de 45 años, 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres corren el riesgo de desarrollar esta enfermedad a lo largo de su vida.

Nuestros alimentos tienen un papel importante en nuestras probabilidades de desarrollar esta enfermedad. Los alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas están relacionados con la formación de placas beta amiloides en el cerebro, lo que interrumpe la comunicación entre las neuronas y provoca daños y muerte neuronal.

El exceso de hierro hemo o procedente de fuentes animales provoca toxicidad y estrés oxidativo, lo que también conduce al daño y la muerte de nuestras células cerebrales.

Una dieta rica en fibra, magnesio y antioxidantes como la vitamina E y el selenio, con una ingesta adecuada de ácidos grasos omega-3 y omega-6, puede reducir nuestro riesgo al ayudarnos a mantener la estructura de nuestro cerebro y combatir la inflamación, el estrés oxidativo y la acumulación de neurotoxinas.

Otros cambios en el estilo de vida, como el ejercicio, el control del estrés, el sueño, la limitación del consumo de alcohol y dejar de fumar, también son fundamentales para la prevención de esta enfermedad. Más información (sitio en inglés).

Al menos el 95 % de todos los casos de  Parkinson no están relacionados con la genética.

Casi un millón de personas en los Estados Unidos viven con la enfermedad de Parkinson, lo que la convierte en el segundo trastorno neurodegenerativo más común. Más datos (en inglés).

Las personas con esta enfermedad experimentan la muerte de las neuronas dopaminérgicas en una pequeña área del mesencéfalo llamada sustancia negra, que desempeña un papel crucial en el control motor y las vías de recompensa. Esto da lugar a una reducción del movimiento, rigidez y temblores.

A menudo, los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson son la depresión y la ansiedad, causadas por el daño inicial a las neuronas dopaminérgicas. Esta depresión puede comenzar meses o años antes de la aparición de la enfermedad de Parkinson. Tras el diagnóstico, el 50 % de los pacientes experimentará algún tipo de depresión y el 40 % sufrirá ansiedad. Ver estudio (en inglés).

Al menos el 95 % de los casos de enfermedad de Parkinson son causados por el entorno o el estilo de vida. Las neuronas dopaminérgicas se ven afectadas por el estrés oxidativo que puede originarse en nuestro tracto gastrointestinal. La vitamina B3 o niacina, la vitamina D, el magnesio y el selenio son fundamentales para combatir este estrés oxidativo, ya que son necesarios para producir glutatión, un antioxidante muy presente en nuestro cerebro.

El omega 3 ALA puede ayudar a prevenir la ELA o ralentizar su progresión.

La esclerosis lateral amiotrófica o ELA es una enfermedad trágica y progresiva que afecta a las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, impidiendo el control voluntario de los movimientos.

Se ha descubierto que una mayor ingesta y unos niveles plasmáticos más altos del ácido graso omega-3 ALA están asociados con un menor riesgo de desarrollar ELA. No solo eso, en pacientes ya diagnosticados, este estudio demostró que tener niveles más altos de ALA está relacionado con una mayor supervivencia y un deterioro funcional más lento.

Por otro lado, comer pescado es un factor de riesgo significativo para la ELA debido a la contaminación por BMAA, una neurotoxina producida por las algas verdeazuladas. Obtén más información aquí y aquí (videos en inglés).

La homocisteína elevada puede provocar depresión, trastorno bipolar, TOC, demencia y esquizofrenia.

La homocisteína es un aminoácido que nuestro cuerpo produce a partir de la metionina, un aminoácido esencial que utilizamos para el metabolismo, el crecimiento de los tejidos y la eliminación de toxinas.

Con la ayuda de las vitaminas B6, B9 y B12, nuestro cuerpo puede descomponer la homocisteína en metionina y cisteína. Sin embargo, si no tomamos suficientes cantidades de estas vitaminas y consumimos más metionina de la que nuestro cuerpo necesita a través de la carne, los lácteos y los huevos, podemos acabar con un exceso de homocisteína.

Este exceso de homocisteína puede provocar depresión, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), neurodegeneración e incluso esquizofrenia. Ver estudios en inglés aquíaquí.

Los niveles elevados de homocisteína también pueden provocar enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, lo habitual es que primero se produzca el daño neuronal. Ver estudio (en inglés).

Si tú o un ser querido padecen de alguno de estos trastornos, pídanle al médico que les haga una prueba de los niveles de homocisteína.

Para mantener niveles de homocisteína adecuados, se recomienda una dieta rica en legumbres y hojas verdes, y baja en productos de origen animal. También es importante tomar un suplemento de vitamina B12 con regularidad si sigues una dieta basada en vegetales o si tienes más de 50 años.

La neuroinflamación podría ser la causa del TDAH. Ingerir EPA, DHA y GLA puede ayudar.

Aunque esta revisión de ensayos y este metaanálisis de 2023 indican que hay pocas pruebas de que los suplementos de EPA + DHA por sí solos pueden mejorar los síntomas de TDAH, esta revisión narrativa indica que agregar GLA a la mezcla ha mostrado resultados prometedores.

El GLA aumenta el DGLA, que es un antiinflamatorio, mientras que el EPA y el DHA limitan la acumulación de AA, el tipo de omega 6 que es inflamatorio, en nuestro organismo.

La proporción asociada a la mejora del TDAH cuando se combinan el EPA y el DHA con el GLA es de 9:3:1.

El exceso de cortisol provocado por el estrés crónico afecta nuestra salud cognitiva y emocional.

El estrés crónico expone a nuestro cerebro a un exceso de cortisol, nuestra principal hormona del estrés. Esto provoca déficits de atención, aprendizaje y memoria, y también puede conducir a la depresión.

El selenio puede ayudar a contrarrestar esta hormona del estrés e incluso puede proteger nuestro cerebro contra la depresión inducida por el estrés, según este análisis.

Algunas estrategias para controlar el estrés incluyen ejercicios de respiración, la actividad física y la meditación. Siempre que sea posible, reduce las situaciones estresantes o tómate un momento para centrarte.

Eating the rainbow helps improve our mood.

Comer el arcoíris tiene un gran impacto en tu estado de ánimo y tu salud cognitiva.

Además de los nutrientes esenciales presentes en las plantas, estas también contienen fitoquímicos que les dan sus colores hermosos y vibrantes.

Los carotenoides, como el betacaroteno que se encuentra en los camotes o batatas naranjas, las zanahorias, la calabaza y la calabaza moscada; la luteína y la zeaxantina que se encuentran en las hojas verde oscuro, y el licopeno que se encuentra en los tomates o la sandía, tienen fuertes efectos antioxidantes y antiinflamatorios que pueden ayudarnos a combatir la depresión, la ansiedad y el estrés.

Las antocianinas, presentes en los camotes o batatas morados, los frijoles negros, los arándanos, las uvas y muchos otros alimentos, protegen nuestras neuronas de la oxidación, la inflamación y la muerte. Estos alimentos pueden ayudar a prevenir o tratar trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. El licopeno tiene efectos similares sobre estas enfermedades y sobre nuestra salud cognitiva en general.

Elige una variedad de colores para obtener una diversidad de fitonutrientes que pueden beneficiar tanto tu salud emocional como cognitiva. Obtén más información aquí y aquí (estudios en inglés).

El ejercicio constante es clave para nuestra salud cognitiva y emocional.

La actividad física constante ayuda a mejorar nuestra salud cognitiva, incluyendo el aprendizaje, la resolución de problemas y la memoria. También contribuye a nuestra salud emocional, ayudando a reducir la ansiedad o la depresión.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomienda 150 minutos semanales de actividad física moderada o 75 minutos de ejercicio intenso. Esto equivaldría a 22 minutos diarios de ejercicio moderado todos los días o a 11 minutos de actividad más intensa.

Otra razón importante para hacer ejercicio es que nos ayuda a dormir mejor, lo que también es fundamental para la salud de nuestro cerebro.

Dormir adecuadamente nos ayuda a eliminar toxinas del cerebro.

Los niños y adolescentes necesitan dormir unas 9.5 horas cada noche. Los adultos necesitamos entre 7 y 9 horas.

Dormir lo suficiente cada noche es esencial para formar y mantener las conexiones neuronales que nos permiten aprender y crear nuevos recuerdos. El sueño ayuda a nuestras neuronas a comunicarse mejor. Además, mientras dormimos, se eliminan las toxinas de nuestro cerebro.

No dormir adecuadamente puede provocar falta de concentración, reducción del tiempo de reacción, irritabilidad y depresión. Más información (en inglés).

Citas bibliográficas

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